Familias y Chacales (sobre “Beasts of No Nation”, de Cary Fukunaga)

por Alejandro Burbano

El dolor que se carga con la familia. Esa pesadez que se vuelve manifiesta al darnos cuenta que somos todo el pasado; lo que no queremos y al fin somos. En “Beasts of No Nation” el peso de la familia se conjuga con la guerra, teniendo como resultado final una película terrible con las emociones del espectador, en donde el  excesivo metraje resulta imperceptible.

La trama expone la infancia de Agu, un niño que vive con su familia en una zona neutral en un desconocido país en guerra en África. La inocencia de Agu y sus amigos es mostrada en las primeras escenas. La unión de su familia y la comunidad. La voz en off de Agu sigue toda la película, la cual sospechamos es una plegaria hacia otra realidad. La guerra llega a la zona neutral y el pequeño parece perderlo todo. Lleno de terror se adentra en la selva —posible metáfora explotada en “The Thin Red Line” o “Apocalipse Now”— encuentra una guerrilla que lo aprisiona y no desecha la inutilidad de que Agu es un niño.

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Tomada de: cinematographiliac.tumblr.com/post/134980167837/endless-list-of-beautiful-cinematography-beasts

Los objetivos de la guerrilla resultan nimios. El recién llegado Agu experimenta un bautizo para convertirse en un guerrero, y obviamente, solo así ser parte de la familia. Idris Elba en su rol más reciente encarna al Comandante sin nombre de la guerrilla que acoge a Agu, como un hijo y alumno. La unión padre e hijo da una total vuelta de tuerca en la relación incestuosa entre los dos. El poder mostrado al inicio del Comandante, empieza a desmoronarse cuando tiene que seguir órdenes de otros. De alguien que tiene una visión diferente de la guerra ya que está mezclada con política. La rebelión de la guerrilla del Comandante empieza, y así, el caos.

La película logra mantener el ritmo y decae después de una hora y media. Si bien la caída es imperceptible, el espectador es distraído fácilmente por la fotografía y la ternura que se exterioriza cada vez más. Sí, una película anti-bélica. Una escena delirante muestra la irrealidad de la guerra con colores ficticios. El miedo de Agu es no poder ser niño, no poder hacer las “cosas” que hace un niño. Después de la cocaína, ser testigo y participe pasivo de violaciones; se puede volver a esa inocencia? El final es esperanzador, Agu cambia la selva por el mar.

“Beasts of no Nation” es una película que no se debe dejar pasar; la mezcla de inocencia, fotografía y actuación están presentes en toda la cinta. Si bien tiene más peso las escenas violentas, los accesos a una ternura infantil siguen intactos. La disolución de la familia cerca del final de la película, en donde también ocurre un parricidio simbólico de abandono, es uno de los golpes más fuertes para sus miembros. El síndrome de abstinencia, los flashbacks, el no poder encajar en la etiqueta de “niño”; no son más que síntomas ante la disolución de esa difícil, llena de dolor, pero al fin y al cabo, familia.

 

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