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Dos caras de una misma moneda: De “The Fallen Idol” de Carol Reed

Por  Alejandro Burbano

-There’s lies and lies

-¿What do you mean by that?

-Some lies are just kindness

 

The Fallen Idol  es la primera de tres películas en las cuales Carol Reed y el escritor Graham Greene trabajaron conjuntamente, tiempo después la seguirían The Third Man (1949) protagonizada por Orson Welles y Joseph Cotten y Our Man in Havana (1959), la cual ascendió la carrera del director inglés. En The Fallen Idol , un niño (Phillipe) que vive en una embajada francesa en un Londres que está superando los estragos de la Segunda Guerra Mundial, cuidado solamente por sus sirvientes (Sr. y Sra. Baines) vive una serie de eventos que llevan a cambiar por completo la cotidianidad de estos personajes. Secretos, mentiras y ansias de libertad son puestos en escena, donde parece que nada cambia en este teatro y el único espectador es un niño solitario que terminará perdiendo la confianza en los suyos.

A lo largo de la película Phillipe es el único espectador de las mentiras que se van generando.

La película empieza (y termina) desde la perspectiva de un niño que mira con atención los preparativos de su padre para salir de la embajada donde reside para ir a ver a su esposa. En todo este tumulto de personajes que se mueven frenéticamente, Phillipe mira con inocencia y cierto humor como el Sr. Baines juega desde la parte de abajo para animarlo y es el único que no se encuentra agobiado por su frenético alrededor.  Tras la salida del padre de Phillipe, el edificio queda con cierta calma, dejando en el escenario a tres actores, Phillipe y sus cuidadores. El joven refugia su soledad en el Señor Baines que secunda sus pequeñas travesuras y cuenta sus fantásticos relatos de cuando estuvo en África, contrariamente a su esposo, la Señora Baines lo trata con mano dura y lo corrige contantemente. Frente a la tensión que siente día a día con su esposa, el Señor Baines se enamora de la secretaría de la embajada, una bella y joven Michèle Morgan que interpreta el papel de Julie, con la cual se ven a escondidas. En una de sus escapadas Phillipe sigue a Baines en su encuentro con Julie, en su inocencia y su idealización por el cuidador no se da cuenta de todo lo que pasa alrededor. A su regreso el niño y el Señor Baines prometen no decir nada de Julie a la señora Baines; de esta manera empiezan una serie de mentiras que solo al final serán reveladas para resolver el problema que estas causan. Frente a la aparente ausencia de la Sra. Baines, el cuidador y su amante pasan la noche en la embajada jugando con el niño; Phillipe descubre que la neurótica Sra. Banes seguía en el edificio vigilando todo lo que pasaba a su alrededor. Cuando Baines la encuentra, tienen una efusiva pelea. La siguiente escena muestra el cuerpo de la Sra Baines tendido en el suelo, Philipe ha sido el único testigo de este espectáculo y temeroso sale a la ciudad hasta que es interceptado por la policía.

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Mientras se desarrolla la investigación y se interrogan a las víctimas (cabe señalar la magistral escena entre el interrogatorio de parte de James O’Dea a Bobby Henrey) diversos datos salen a la luz. Al final la única forma de resolver el problema es mediante la verdad, y a punto de llevar otra víctima más, todo se arregla y al espectador le sorprende como todo vuelve a la “normalidad”.  La idealización de Phillipe ante un padre ausente fue depositada en el Señor Baines y él es el The Fallen Idol que al principio inicia como el ídolo de un niño. Un viaje a África que nunca se hizo y la duda si la muerte de la esposa de Baines fue provocada por el propio Baines causa en el joven francés una crisis en la que al final parece poner un fin prematuro a la niñez. Y esta película también fue conocida bajo el título de The Lost Illusion y explicar el porqué no es necesario.


 

Por Yaco Arias

You can keep our secret now? Hmm? Yes?

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Director: Carol Reed

Actores: Bobby HenreyRalph RichardsonMichèle MorganSonia Dresdel

Año: 1948

Duración: 95 minutos

Pueden ser blancas o piadosas, las mentiras se cuidan como un jardín, se las debe tratar con cuidado y regarlas regularmente, caso contrario crecen de más y pueden subir por la ventana de nuestra casa.  Esta película inglesa de 1945 que lleva como nombre The Fallen Idol es una adaptación de la historia del  mismo guionista de la obra, Graham Greene. Un filme relativamente no tan conocido al público general pero definitivamente ejecutado con destreza y talento, gracias a Carol Reed.

Secretos y lo que significa para un niño, de eso se trata “The Fallen Idol”

La trama tiene como actor principal a Philipe, el hijo de un embajador, quien se queda con su mayordomo y amigo Baines y su esposa la Sra. Baines después que su padre parte a recoger a la madre de Philipe del hospital en otra ciudad. La película se desarrolla a lo largo de un fin de semana en los interiores de una embajada donde residen los personajes, tiempo suficiente para que Philipe conozca a Julie una chica que trabaja en la embajada quien tambien es la amante de Baines. El mayordomo le pide a Philipe no decirle  a la Sra. Baines de Julie ya que está enamorado de la muchacha y no soportaría perderla. El niño queriendo  ayudar a Baines acepta guardar el secreto. Los secretos se acumulan y se mezclan con mentiras hasta que ocurre un accidente el cual el niño confunde con un asesinato.

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Death is like a business. It has to be attended to.

 

Ralph Richardson (Baines) junto con Bobby Henrey (Philipe) llevan sus papeles exitosamente al punto de cautivarnos con sus expresiones de amistad y confianza que tienen estos dos personajes. Así mismo, Sonia Dresdel (Sra. Baines) hace honor a su personaje quien es el obstáculo para la libertad y felicidad que ansía Baines.

Una de las cosas que me gusta y me llevo de esta película es el desenlace donde la verdad salió a la superficie, a favor de Baines pero aun así Philipe cree que no está bien y en su mente no hay resolución del altercado ocurrido todo esto producto de la influencia de Julie y Baines quienes lo confundían cada vez más con cada palabra. Pero todo culmina cuando se da cuenta de su madre parada en el portón de la embajada  abriéndole sus brazos. Philipe la ve, baja la mirada y camina despacio hacia ella, confundido, pero no del todo triste. Como si ese fin de semana duró toda una infancia.
Desde el inicio de la película, la transformación de la inocencia a la perversión de la mentira es evidenciada en el dialogo, las tomas y la actuación.  Es un filme que además de tener actores para interpretar a sus personajes, un nuevo personaje se crea a partir de esos actores, mejor dicho varios personajes, pequeños y molestos que habitan en la boca de todos nosotros, las mentiras.

-Shall I tell you a secret? -No!
-Shall I tell you a secret?
-No!
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