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Familias y Chacales (sobre “Beasts of No Nation”, de Cary Fukunaga)

por Alejandro Burbano

El dolor que se carga con la familia. Esa pesadez que se vuelve manifiesta al darnos cuenta que somos todo el pasado; lo que no queremos y al fin somos. En “Beasts of No Nation” el peso de la familia se conjuga con la guerra, teniendo como resultado final una película terrible con las emociones del espectador, en donde el  excesivo metraje resulta imperceptible.

La trama expone la infancia de Agu, un niño que vive con su familia en una zona neutral en un desconocido país en guerra en África. La inocencia de Agu y sus amigos es mostrada en las primeras escenas. La unión de su familia y la comunidad. La voz en off de Agu sigue toda la película, la cual sospechamos es una plegaria hacia otra realidad. La guerra llega a la zona neutral y el pequeño parece perderlo todo. Lleno de terror se adentra en la selva —posible metáfora explotada en “The Thin Red Line” o “Apocalipse Now”— encuentra una guerrilla que lo aprisiona y no desecha la inutilidad de que Agu es un niño.

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Los objetivos de la guerrilla resultan nimios. El recién llegado Agu experimenta un bautizo para convertirse en un guerrero, y obviamente, solo así ser parte de la familia. Idris Elba en su rol más reciente encarna al Comandante sin nombre de la guerrilla que acoge a Agu, como un hijo y alumno. La unión padre e hijo da una total vuelta de tuerca en la relación incestuosa entre los dos. El poder mostrado al inicio del Comandante, empieza a desmoronarse cuando tiene que seguir órdenes de otros. De alguien que tiene una visión diferente de la guerra ya que está mezclada con política. La rebelión de la guerrilla del Comandante empieza, y así, el caos.

La película logra mantener el ritmo y decae después de una hora y media. Si bien la caída es imperceptible, el espectador es distraído fácilmente por la fotografía y la ternura que se exterioriza cada vez más. Sí, una película anti-bélica. Una escena delirante muestra la irrealidad de la guerra con colores ficticios. El miedo de Agu es no poder ser niño, no poder hacer las “cosas” que hace un niño. Después de la cocaína, ser testigo y participe pasivo de violaciones; se puede volver a esa inocencia? El final es esperanzador, Agu cambia la selva por el mar.

“Beasts of no Nation” es una película que no se debe dejar pasar; la mezcla de inocencia, fotografía y actuación están presentes en toda la cinta. Si bien tiene más peso las escenas violentas, los accesos a una ternura infantil siguen intactos. La disolución de la familia cerca del final de la película, en donde también ocurre un parricidio simbólico de abandono, es uno de los golpes más fuertes para sus miembros. El síndrome de abstinencia, los flashbacks, el no poder encajar en la etiqueta de “niño”; no son más que síntomas ante la disolución de esa difícil, llena de dolor, pero al fin y al cabo, familia.

 

El problema con “The Hateful Eight”

Por Alejandro Burbano

¿Qué espera el espectador de una película de Quentin Tarantino? ¿Cuáles son las características para definir la esencia del universo del director? Estas dos preguntas las podemos aplicar a una película de Lynch, Fincher o Allen. Cada director exterioriza ciertas características para que el espectador de cine, introyectador masoquista, las aprecie y las guarde en su memoria como una posible huella de su experiencia. El espectador se acostumbra a ciertas reglas y espera el mismo resultado en próximas películas. Ahora,  ¿qué ocurre con “The Hateful eight”? y, ¿por qué resulta una de las películas más pesadas de Tarantino?

“The Hateful Eight” es un Western claustrofóbico en el que la historia se mezcla con varios elementos del azar, flashback a “Pulp Fiction”, para formar una trama que lleva al espectador a sospechar de todos los personajes en los muchos “climax” de la película. Y claustrofóbica no solo refiriéndome a la ubicación en donde se desarrolla, sino también como sensación presente en donde el espectador se siente ofuscado y en momentos aburrido por la historia. Si bien las películas de Tarantino no se caracterizan por una trama perfectamente construida, el estilo y la originalidad de los personajes son la atracción en la mayoría de ellas.

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“The Hateful Eight” se encuentra dividida en seis capítulos, en donde en cada uno se irán insertando a la trama los ocho “odiosos”. Cada uno de ellos es un intento forzoso de un personaje misterioso, donde sobresale la siempre impecable actuación de Samuel L. Jackson, Jennifer Jason Leigh y Kurt Russell; los demás personajes pasan a ser secundarios, incluso la fugaz  —¿E innecesaria?— aparición de Channing Tatum. La originalidad de los personajes presente en la filmografía de Tarantino no funciona como en películas anteriores.

El elemento clásico de Tarantino: su violencia injustificada se vuelve alejada de la película y parece no coincidir con la totalidad de la obra. Muchas escenas sobran y los seis capítulos que parten a la película podrían resultar en menos, incluso en menos de la mitad. Aunque “Django Unchained” haya sido una buena película, comparándola con “The Hateful Eight” resulta excelente, no pensemos en “Reservor Dogs” o “Pulp Fiction”. ¿Es el decaimiento de Tarantino? No lo creo. Solo una caída que será olvidada.

Podría realizar un análisis salvaje y concluir que “The Hateful Eight” es una de las películas con menor calidad en su guion. Y no es que Tarantinio brille por sus grandiosos guiones, sino de cómo situaciones que pueden parecer ridículas e innecesarias las convierte en algo original. Sin embargo, algo paso con el alquimista y en su última película solo podemos apreciar un aburrido guión que nos lleva a aguantarlo por un compromiso con sus películas pasadas por tres horas, después, total arrepentimiento.

Eso sí, no podremos llevar nunca ese rencor a Morricone, la banda sonora es genial y parece ser que es una de las pocas cosas que sostienen a la película.

 

El sonido y la furia de Whiplash, de Damien Chazelle

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Por Alejandro Burbano

El anterior 2014 ha estado poblado de buen cine: Boyhood, The Grand Budapest Hotel, Fury; las cuales sobresalen por su historia, fotografía y reparto. Entre estas ha aparecido una que quisiera nombrar: Whiplash. Teniendo su origen en un cortometraje del mismo director presentado hace un año en el Festival de Sundance y concluido un año después de conseguir fondos para hacerla  largometraje, la película muestra a  Andrew Neyman un músico de 19 años (Miles Teller) que empieza a estudiar con grandes expectativas en un famoso conservatorio en los Estados Unidos. Terence Fletcher, su profesor (un idoneo J.K. Simmons) es estricto y no se molesta en humillar a sus estudiantes hasta dejarlos en una ruina mental. Ante la oportunidad de pertenecer a la banda del estricto profesor, Andrew dejará de lado todo lo que le estorbe para poder lograr su sueño de ser un músico de primer nivel, como si fuera algún tipo de cliché, a veces las cosas no salen como se quiere.

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Con referencias a Charlie Parker (en el cual es imposible no recordar el relato de Cortázar, El Perseguidor), Buddy Rich y otros grandes del jazz, Whiplash expone la música tal y como es. Su fuerza  radica en un diálogo constante entre la música y las escenas perfectamente trabajadas que concluyen en una fluida y atrapante conversación. J.K. Simmons hace un papel magistral así como Miles Teller (tal vez el único papel del actor que vale la pena elogiar), teniendo una relación tormentosa que llega hasta la violencia, el alumno y maestro justificarán sus actitudes para después verlas por ridículas.

El protagonista lo deja todo por ese gran sueño que parece a ratos tangible, sin embargo poco a poco se lo observa más y más lejano; las barreras que le impiden llegar a vivirlo tal vez tengan su origen en su sarcástico y difícil profesor, o tal vez, dependiendo  del lente con el que se observe, en el mismo. El guión que tiene su base en un cortometraje y una experiencia personal, fue escrito por el director; aparte de la música que vendría a ser el cuerpo de la cinta, la historia es la columna vertebral en donde los personajes se mueven con fluidez al centrarse en  personajes necesarios y no enfatizar en historias triviales. De esta manera, Chazelle logra acertadamente que el espectador sienta toda la tensión en secuencias memorables gracias a su genial reparto y logra algo mucho superior y más complejo, sentir la música.

Fury, el cine bélico de David Ayer

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Por Alejandro Burbano

Fury es una película de acción Norteamericana dirigida y escrita por David Ayer estrenada hace pocas semanas en nuestro país y está protagonizada por Brad Pitt, Logan Lerman, Michael Peña, Jon Berntal y Shia LaBeouf. Narra las hazañas de un grupo de soldados Estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial liderados por el Sargento Don “Wardaddy” Collier (Brad Pitt), mientras tratan de avanzar en un tanque  (“Fury”) en Alemania en el último año del Holocausto.

Ante la muerte del artillero del tanque, es asignado un nuevo miembro: un joven muchacho (Logan Lerman) de apariencia pueril que es destinado a sobrevivir con el resto del grupo. En el tanque el joven soldado tendrá que adaptarse al resto  y a las incontables órdenes que recibe de su superior, poco a poco logrará establecer una relación parecida a la de un protegido con el líder del grupo, que le enseñará a tener y perder todo por culpa de la guerra. El único que parece cambiar a lo largo de la cinta es el personaje interpretado por Logan Lerman: de un chico asustado y cobarde a un chico que sigue siendo cobarde pero que ha visto todo el horror de la guerra.

Fury es una excelente película de acción, en sus más de dos horas de duración el público (para los que pudieron verla en el cine) pasa la mayor parte de la proyección en constante tensión por las trabajadas escenas, que no constituyen solamente las de acción, sino de situaciones incomodas que muestran la naturaleza de los soldados. La tensión va disminuyendo hacia el final en la que las escenas finales no logran competir en lo que acción se refiere, con las del resto de la película.

El guión fue escrito por el propio director, y la trama es uno de los puntos débiles de la última obra de Ayer, ya que  muestra una no relevante historia en la relación del chico asustado de la guerra con el líder valiente e insensible que lo “adopta y educa” para que pueda sobrevivir. El personaje que interpreta Brad Pitt no logra llenar la empatía que el espectador pueda sentir por el protagonista ya que se encierra en el estereotipo de tipo duro salido de la guerra algo que también se aplica con el resto de los no notables personajes, que no logran empatizar por completo con él espectador, especialmente  el interpretado por Logan Lerman.

Fury muestra el horror de la guerra y como ésta concierne a todo hombre, no es nimia la referencia a “For Whom The Bell Tolls” en la mitad de la película en la que Logan Lerman aparece leyéndolo.

Dos caras de una misma moneda: De “The Fallen Idol” de Carol Reed

Por  Alejandro Burbano

-There’s lies and lies

-¿What do you mean by that?

-Some lies are just kindness

 

The Fallen Idol  es la primera de tres películas en las cuales Carol Reed y el escritor Graham Greene trabajaron conjuntamente, tiempo después la seguirían The Third Man (1949) protagonizada por Orson Welles y Joseph Cotten y Our Man in Havana (1959), la cual ascendió la carrera del director inglés. En The Fallen Idol , un niño (Phillipe) que vive en una embajada francesa en un Londres que está superando los estragos de la Segunda Guerra Mundial, cuidado solamente por sus sirvientes (Sr. y Sra. Baines) vive una serie de eventos que llevan a cambiar por completo la cotidianidad de estos personajes. Secretos, mentiras y ansias de libertad son puestos en escena, donde parece que nada cambia en este teatro y el único espectador es un niño solitario que terminará perdiendo la confianza en los suyos.

A lo largo de la película Phillipe es el único espectador de las mentiras que se van generando.

La película empieza (y termina) desde la perspectiva de un niño que mira con atención los preparativos de su padre para salir de la embajada donde reside para ir a ver a su esposa. En todo este tumulto de personajes que se mueven frenéticamente, Phillipe mira con inocencia y cierto humor como el Sr. Baines juega desde la parte de abajo para animarlo y es el único que no se encuentra agobiado por su frenético alrededor.  Tras la salida del padre de Phillipe, el edificio queda con cierta calma, dejando en el escenario a tres actores, Phillipe y sus cuidadores. El joven refugia su soledad en el Señor Baines que secunda sus pequeñas travesuras y cuenta sus fantásticos relatos de cuando estuvo en África, contrariamente a su esposo, la Señora Baines lo trata con mano dura y lo corrige contantemente. Frente a la tensión que siente día a día con su esposa, el Señor Baines se enamora de la secretaría de la embajada, una bella y joven Michèle Morgan que interpreta el papel de Julie, con la cual se ven a escondidas. En una de sus escapadas Phillipe sigue a Baines en su encuentro con Julie, en su inocencia y su idealización por el cuidador no se da cuenta de todo lo que pasa alrededor. A su regreso el niño y el Señor Baines prometen no decir nada de Julie a la señora Baines; de esta manera empiezan una serie de mentiras que solo al final serán reveladas para resolver el problema que estas causan. Frente a la aparente ausencia de la Sra. Baines, el cuidador y su amante pasan la noche en la embajada jugando con el niño; Phillipe descubre que la neurótica Sra. Banes seguía en el edificio vigilando todo lo que pasaba a su alrededor. Cuando Baines la encuentra, tienen una efusiva pelea. La siguiente escena muestra el cuerpo de la Sra Baines tendido en el suelo, Philipe ha sido el único testigo de este espectáculo y temeroso sale a la ciudad hasta que es interceptado por la policía.

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Mientras se desarrolla la investigación y se interrogan a las víctimas (cabe señalar la magistral escena entre el interrogatorio de parte de James O’Dea a Bobby Henrey) diversos datos salen a la luz. Al final la única forma de resolver el problema es mediante la verdad, y a punto de llevar otra víctima más, todo se arregla y al espectador le sorprende como todo vuelve a la “normalidad”.  La idealización de Phillipe ante un padre ausente fue depositada en el Señor Baines y él es el The Fallen Idol que al principio inicia como el ídolo de un niño. Un viaje a África que nunca se hizo y la duda si la muerte de la esposa de Baines fue provocada por el propio Baines causa en el joven francés una crisis en la que al final parece poner un fin prematuro a la niñez. Y esta película también fue conocida bajo el título de The Lost Illusion y explicar el porqué no es necesario.


 

Por Yaco Arias

You can keep our secret now? Hmm? Yes?

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Director: Carol Reed

Actores: Bobby HenreyRalph RichardsonMichèle MorganSonia Dresdel

Año: 1948

Duración: 95 minutos

Pueden ser blancas o piadosas, las mentiras se cuidan como un jardín, se las debe tratar con cuidado y regarlas regularmente, caso contrario crecen de más y pueden subir por la ventana de nuestra casa.  Esta película inglesa de 1945 que lleva como nombre The Fallen Idol es una adaptación de la historia del  mismo guionista de la obra, Graham Greene. Un filme relativamente no tan conocido al público general pero definitivamente ejecutado con destreza y talento, gracias a Carol Reed.

Secretos y lo que significa para un niño, de eso se trata “The Fallen Idol”

La trama tiene como actor principal a Philipe, el hijo de un embajador, quien se queda con su mayordomo y amigo Baines y su esposa la Sra. Baines después que su padre parte a recoger a la madre de Philipe del hospital en otra ciudad. La película se desarrolla a lo largo de un fin de semana en los interiores de una embajada donde residen los personajes, tiempo suficiente para que Philipe conozca a Julie una chica que trabaja en la embajada quien tambien es la amante de Baines. El mayordomo le pide a Philipe no decirle  a la Sra. Baines de Julie ya que está enamorado de la muchacha y no soportaría perderla. El niño queriendo  ayudar a Baines acepta guardar el secreto. Los secretos se acumulan y se mezclan con mentiras hasta que ocurre un accidente el cual el niño confunde con un asesinato.

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Death is like a business. It has to be attended to.

 

Ralph Richardson (Baines) junto con Bobby Henrey (Philipe) llevan sus papeles exitosamente al punto de cautivarnos con sus expresiones de amistad y confianza que tienen estos dos personajes. Así mismo, Sonia Dresdel (Sra. Baines) hace honor a su personaje quien es el obstáculo para la libertad y felicidad que ansía Baines.

Una de las cosas que me gusta y me llevo de esta película es el desenlace donde la verdad salió a la superficie, a favor de Baines pero aun así Philipe cree que no está bien y en su mente no hay resolución del altercado ocurrido todo esto producto de la influencia de Julie y Baines quienes lo confundían cada vez más con cada palabra. Pero todo culmina cuando se da cuenta de su madre parada en el portón de la embajada  abriéndole sus brazos. Philipe la ve, baja la mirada y camina despacio hacia ella, confundido, pero no del todo triste. Como si ese fin de semana duró toda una infancia.
Desde el inicio de la película, la transformación de la inocencia a la perversión de la mentira es evidenciada en el dialogo, las tomas y la actuación.  Es un filme que además de tener actores para interpretar a sus personajes, un nuevo personaje se crea a partir de esos actores, mejor dicho varios personajes, pequeños y molestos que habitan en la boca de todos nosotros, las mentiras.

-Shall I tell you a secret? -No!
-Shall I tell you a secret?
-No!